
Semana Santa representa el momento más intenso y significativo para el mundo cristiano, para los católicos en especial. Es la oportunidad para que todos celebremos con fe y devoción la pasión, muerte y resurrección de Jesús, hechos centrales de nuestra fe que, una vez más, se reactualizan en el largo recorrido de estos 2007 años de historia.
Mi país Chile en conjunto con el resto de iberoamérica es mayoritariamente de religión católica. Sin embargo es triste constatar que cuando se acerca la celebración de la Semana Santa, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión.
No soy teólogo ni catequista, (aunque ayudo a Valeria en la catequesis de niños) así que no voy a profundizar acerca del sentido que ésta semana tiene, pero muchos “católicos” se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.
La semana Santa se inicia con el Domingo de Ramos que celebra la entrada de Jesús a Jerusalén y culmina con el Domingo de Pascua o de Resurrección.
El gran misterio: Con respecto a la resurrección del Señor, dicen los Santos Evangelios que Cristo, una vez bajado de la Cruz, fue envuelto en un sudario o sábana, y que al tercer día resucitó.
El sudario de Turín, también conocido como la Sábana Santa o el Santo Sudario, es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión, junto a otros totalmente atípicos, pero acordes con los hechos relatados en la Pasión de Jesús.
La Sábana Santa reposa desde 1578 en el interior de la catedral de Turín, donde es ocultada del gran público y exhibida en contadas ocasiones, la última en 1978 con motivo del 400 aniversario de su llegada a la catedral turinesa.
En ella se pueden apreciar al instante los signos de quemaduras provocadas por un incendio en 1532 y el contorno de la parte frontal y dorsal de un cuerpo de un hombre víctima de la crucifixión. Esta imagen comenzó a convertirse en un reto para la ciencia cuando el fotógrafo Secondo Pia descubrió en el negativo de una fotografía realizada a la sábana, todos los detalles de la imagen que en ella estaba impresa.
La ciencia aun no ha podido sacar conclusiones precisas sobre el origen de este fenómeno, pero parece ser que la imagen posee propiedades tridimensionales, al contrario de lo que sucede con una pintura o una fotografía.
Parece ser que la imagen ha sido dejada por el cadáver de un hombre crucificado, encontrándose en ella restos de sangre humana del tipo AB, además de pólenes de flores que indican el posible paso por Europa y Oriente próximo.
La prueba del carbono 14 dio resultados inconcluyentes, ya que data al objeto con fecha del siglo XIII, pero estudios posteriores revelaron que esta datación posiblemente sea inexacta debido a los abundantes depósitos de carbono que se alojaron en la sábana tras el incendio de 1532. Para corroborar esta hipótesis, se sometió a un trozo de tela del siglo I y de un material similar a la sábana, a las condiciones sufridas por esta en el incendio de 1532.
El resultado de la datación otorgó a la tela una edad muy superior a la real, concretamente 13 siglos superior.
Por otro lado, el hombre no es capaz de reproducir una imagen similar con la tecnología existente, lo que hace que el origen de esta imagen resulte completamente inexplicable. Según el biofísico francés Jean-Bautise Rinaudo, la imagen puede haber sido fruto de una irradiación de protones proveniente del cuerpo muerto del crucificado, bajo el efecto de una energía desconocida. Rinaudo ha localizado los átomos que pueden haber estado implicados en este suceso, concretamente los del Deuterio, presente en la materia orgánica y que pueden haber provocado el fallo en la datación por Carbono 14.
En todo caso. creo que esta necesidad de comprobar la autenticidad del Santo Sudario responde más que nada a conseguir una prueba palpable para los no creyentes de la existencia de Jesús. Para nosotros los católicos creyentes no necesitamos de ninguna prueba, pues nos basta con nuestra fe.