
En Chile se han hecho y se harán millonarias inversiones en construir plantas de celulosa. Existe la de Constitución desde el año 1976 con 460 millones de US$, existe otra en Arauco y una en Valdivia con una inversión de 1.200 millones de US$. El lado positivo es que dan empleo y empujan la economía hacia arriba.
Pero el lado negativo es que todas estas plantas han sido causantes de diversos daños al medio ambiente y a la salud de las personas que viven en los alrededores. La ciudad de Constitución, por ejemplo, ha sido muda testigo de enfermedades respiratorias crónicas entre su población, así como el detrimento económico de la comuna. La planta de Arauco provocó por su parte la muerte de miles de peces en una vasta zona de crianza, que era el principal recurso económico para cientos de familias de pescadores artesanales. Está el caso más emblemático es la destrucción del Humedal del río Cruces, debido a los desechos químicos, vertidos en forma ilegal, por la planta de Valdivia de la misma empresa. Un informe de la Universidad Austral determinó que Celco (Celulosa Arauco y Constitución) era la responsable directa de la muerte de cientos de cisnes de cuello negro y otros animales en el Santuario Anwandter, zona protegida por el Gobierno. Se trata del estudio más concluyente publicado hasta ahora sobre la muerte de los cisnes y es el primero que vincula directamente a la empresa y que ha provocado reacciones a nivel más internacional que nacional.
Y si todo esto no fuera suficiente, Celco suma otro accidente, ahora de tipo radiactivo, en la construcción de la planta Nueva Aldea en la región del Bío Bío, que provocó severas quemaduras al trabajador Miguel Angel Fuentes, que estuvo en Francia para que le trataran sus graves heridas. Otros tres trabajadores se vieron involucrados en este desgraciado accidente ocurrido en diciembre de 2005. Lo peor de todo es que la Comisión Chilena de Energía, durante una inspección realizada a las faenas del proyecto Nueva Aldea, en octubre de 2005, se detectaron situaciones irregulares en las cuales no se estaban respetando normas de seguridad radiactivas, sin embargo no se cumple ninguna medida para evitar este accidente y Celco es multada, recién este mes, con la irrisoria suma de poco más de US$ 17.500.
Existen varios documentos que confirman que Celco tuvo otro accidente de tipo radiactivo, en la construcción de la planta Valdivia, en la cual una cantidad importante de operadores y ayudantes recibieron fuertes dosis radiactivas que superaron los límites permitidos para la salud, y que estos hechos habrían sido ocultados a la opinión pública. Este hecho grave fue denunciado por el ex operario de Nueva Aldea, Aldo Arratia, apoyado por el abogado Alex Quevedo.
La construcción de la planta Nueva Aldea, de propiedad de Celco, con una inversión de 1.100 millones de dólares, que generará una producción de 856.000 ton. ha provocado que instituciones que van desde Greenpeace hasta agrupaciones locales protesten reiteradamente para que esta empresa se comprometa a respetar el medio ambiente y no siga acumulando más desastres. Se cree que esta planta afectará al río Itata, donde conviven actividades económicas tan diversas como la pesca artesanal, la vitinicultura, la agricultura y el turismo. Construir una planta de celulosa en esta zona traerá más problemas que beneficios. Destruir el agua que riega el valle y que desemboca en la costa significa dañar una de las pocas zonas de crianza de peces que van quedando y perjudicando de paso a 15.000 puestos de trabajo. También significa dañar el santuario Iglesia de Piedra de 250 hectáreas, zona protegida, hogar de cientos de lobos marinos. La ciudadanía, y aquí tenemos que estar todos, no puede darse el lujo de perder las riquezas y belleza a causa de las ambiciones de una empresa. Ya sabemos que Celco contamina y mata y no podemos seguir permitiendo que esto ocurra. Las empresas, el Gobierno y todos nosotros debemos entender que el progreso económico debe ir aparejado por respetar el medio ambiente, por que de lo contrario, el futuro no es nada de prometedor.